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Friday, December 26, 2014

Mapa hacia las estrellas de David Cronenberg



Toda psicoterapia que muestre rasgos psicoanalíticos nos ofrece una temporalidad en la que el pasado intrusiona de manera intermitente el presente, redirigiéndolo hacia una narrativa mitológica que enuncia en clave trágica su eterna repetición. Esto es, el paciente debe enfrentarse a (ponerse en frente de) su pasado y resolver el misterio de su propio trauma invocándolo hacia el presente. Debe viajar en el tiempo para sustituir el yo de antes, que de alguna manera falló en vivir su presente, por el yo de ahora, supuestamente más sabio y capaz. El trauma no cesa de regresar al futuro, el mismo pavor reconfigurándose en nuevas situaciones. El proceso de la terapia es una historia de fantasmas: el fantasma y el trauma funcionan igual, mediante proyecciones: apariciones en la noche de la incomprensión de lo sucedido. El fantasma siempre reclama algo a los vivos, de ahí la narrativa común de necesitar la ayuda de un vivo -el yo presente- para resolver un asunto pendiente.

Aunque el terapeuta, Stafford, sea un gurú new age amante de mantras y fórmulas, y aunque la paciente, Havana,  sea una actriz narcisista y consentida enfrentándose a la mediana edad, nos encontramos ante un relato victoriano en el que remordimiento, rencor y dolor deben figurarse, hacerse figuras.Ya sea en fuerzas naturales que resuenan como símbolos, ya sea en los ecos constantes que asolan el castillo de la familia: la hija que debe simultáneamente escapar de y convertirse en la madre, la pareja de hermanos transformada en su reverso (el del matrimonio), y en el acorde más victoriano de todos: el repudiado, ya sea el hermano deforme encerrado en el sótano o la esposa loca recluida en el ático -el personaje (¿protagonista?) de la heroína Agatha es una tristísima y preciosa combinación de ellos.

Maps to the Stars es una película de horror y un drama familiar, además de una reflexión metacinemática sobre el mundo de Hollywood. También es una muy cómica (por extremadamente realista) sátira de una determinada clase social (productora de entretenimiento de consumo) y sus muchas enfermades, a las que todos quedamos expuestos a través de la cultura de masas. Quizás el momento que capta mejor nuestro zeitgeist (aunque se pueda decir esto casi de cada escena en la película) sea Havana practicando la posición de loto mientras aúlla de dolor.

Sunday, September 22, 2013

El mito de la institución. El camino de Ida (SPOILER ALERT)



La última novela de Ricardo Piglia, El camino de Ida (2013), deviene un relato policial en el que los asesinatos de mentes excepcionales conducen al genio Thomas Munk, profesor de matemáticas en Berkeley que consigue evadir al FBI durante los veinte años en los que actúa como terrorista ecológico, frenando avances tecnológicos de dudosa moral con medidas extremas. Cuando finalmente es detenido al ser traicionado por su hermano, Emilio Renzi, profesor visitante en la Universidad de New Jersey, protagonista y amigo de una víctima, va a visitarlo a la cárcel. El médico residente del penal le dice a Renzi que "una prisión de alta seguridad en los Estados Unidos es una institución compleja, quizá la más compleja forma de vida social que uno pueda imaginar (...) En realidad, es un laboratorio experimental de la conducta de los hombres en condiciones extremas." La institución como laboratorio experimental nos remite a dos predecesores, uno es la noción que aparece en la propia novela de la universidad como caldo de cultivo de ideas radicales que luego se popularizarán en el mundo real, afectando a la población. El otro, no mencionado en la novela, es Charles Manson. En una entrevista de 1972 desde la celda número 13 del corredor de la muerte, Manson equipara la sociedad con el primer plano de la mente, la vida consciente, mientras que las cárceles son "think chambers" (recámaras del pensamiento), el segundo plano o plano subconsciente en el que nacen las ideas que más tarde encontrarán su expresión en sucesos que ocurren en el "mundo libre". (Manson también piensa que no le hace falta matar a nadie porque sucede con tan sólo él pensarlo, lo que puede relacionarse con su interés en el vudú). En la novela de Piglia universidad y cárcel confluyen en la figura de Thomas Monk en una operación paradójica: un individuo cuya función es ser pensador y diseñador de la sociedad intenta destruir esta misma función, la función del progreso, para producir un futuro más libre desde la cárcel.

Friday, September 13, 2013

La encarnación surrealista

En "La producción sistemática de simulacros irracionales" Eduardo Subirats (Proceso a la civilización: La crítica de la modernidad en la historia del cine) analiza Un chien andalou (1929) como la encarnación de los procesos subconscientes en la realidad material. Se desprende ya en el Primer manifiesto (1924) que esta transmutación alucinante (la materialización de la irracionalidad) es uno de los objetivos base del proyecto surrealista, y acto seguido se empieza a enaltecer la predisposición lógica del medio del cine para llevar a cabo esta operación, sobre todo desde su analogía con el sueño (Jean Goudal, "Surréalisme et cinéma,"1925.) Lo que resulta más iluminador es que, debido a las disquisiciones de Subirats sobre la afinidad de Dalí con la sensibilidad católica, nos damos cuenta cómo Un chien andalou revela las similitudes del proceso surrealista con el momento de la encarnación desde un punto de vista católico (imaginero e imaginario.) La fantasía surrealista corresponde a la cristiana en cuanto a que los designios inescrutables del subconsciente se materializan para que así se manifieste la expresión de la auténtica realidad, el subconsciente o el reino de los cielos, que subyace y antecede a la experiencia cotidiana/terrenal. Debemos hablar de una afinidad específicamente católica, ya que esta expresión debe desembocar siempre en imágenes, precedidas por la profecía o el sueño (que se entretejen en Freud, científico surrealista, como lo que podría llamarse una onirización del destino.) La imagen en ambos casos supone el medio para comunicarnos con lo oculto o lo divino mediante las reacciones instintivas del sobrecogimiento, la pena y el asco. La exhibición del acto de rajar el globo ocular es una crucifixión.

Thursday, May 10, 2012

inabarcable: que no tiene barcos


Oceanic Feeling, Paul Klee.

Me voy a la playa. Echo de menos el mar; el mar es para mí un extraño nudo contemplativo entre el pasado y el futuro. El pasado porque el mar significa veraneos, cúspide de la monotonía de la niñez, medida del tiempo repetido. Futuro porque entonces, al mirar al mar, sentía que la vida era inacabable e infinita, que todo lo mejor estaba por llegar. Mi versión esperanzada del sentimiento oceánico de Freud, de lo que viene, abundante e incontenible, antes del ego.

Sunday, April 1, 2012

El psicoanálisis: su folletín personalizado

A continuación, un fragmento de "Los sujetos trágicos (Literatura y psicoanálisis)", una conferencia que Ricardo Piglia dio en Buenos Aires gracias a la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), en julio de 1997. Esta conferencia está incluída en Formas breves.

"Hay otro aspecto sobre el cual los escritores han dicho algo que, me parece, puede ser útil para los psicoanalistas. Nabokov y también Manuel Puig, nuestro gran novelista argentino, insistieron en algo que a menudo los psicoanalistas no perciben o no explicitan: el psicoanálisis genera mucha resistencia pero también mucha atracción; el psicoanálisis es una de las formas más atractivas de la cultura contemporánea. En medio de la crisis generalizada de la experiencia, el psicoanálisis trae una épica de la subjetividad, una versión violenta y oscura del pasado personal. Es atractivo entonces el psicoanálisis porque todos aspiramos a una vida intensa; en medio de nuestras vidas secularizadas y triviales, nos seduce admitir que en un lugar secreto experimentamos o hemos experimentado grandes dramas, que hemos querido sacrificar a nuestros padres en el altar del deseo y que hemos seducido a nuestros hermanos y luchado con ellos a muerte en una guerra íntima y que envidiamos la juventud y la belleza de nuestros hijos y que también nosotros (aunque nadie lo sepa) somos hijos de reyes abandonados al borde del camino de la vida. Somos lo que somos, pero también somos otros, más crueles y más atentos a los signos del destino. El psicoanálisis nos convoca a todos como sujetos trágicos; nos dice que hay un lugar en el que somos sujetos extraordinarios, tenemos deseos extraordinarios, luchamos contra tensiones y dramas profundísimos, y esto es muy atractivo. De modo que el psicoanálisis, como bien dice Freud, genera resistencia y es un arte de la resistencia y de la negociación, pero también es un arte de la guerra y de la representación teatral, intensa y única.

Por eso Nabokov veía el psicoanálisis como un fenómeno de la cultura de masas; consideraba clave ese elemento de atracción, esa promesa que nos vincula con las grandes tragedias y las grandes traiciones, y veía ahí un procedimiento clásico del melodrama y de la cultura popular: el sujeto es convocado a un lugar extraordinario que lo saca de su experiencia cotidiana.
Y Manuel Puig decía algo que siempre me pareció muy productivo, y que sin duda fue decisivo en la construcción de su propia obra. Decía Puig que el inconsciente tiene la estructura de un folletín. El, que escribía sus ficciones muy interesado por la estructura de las telenovelas y los grandes folletines de la cultura de masas, había podido captar esta dramaticidad implícita en la vida de cada uno, que el psicoanálisis pone como centro en la construcción de la subjetividad.
En todo esto hay entonces una relación ambigua: por un lado el psicoanálisis avanza sobre una zona oscura, que el artista preserva y prefiere olvidar; pero, por otro lado, el psicoanálisis se presenta como una especie de alternativa: hace lo mismo que el arte, genera una suerte de bovarismo, en el sentido de la experiencia de Madame Bovary, que leía aquellas novelitas rosas como si fueran el oráculo de su propia vida y el modelo de sus sentimientos. El psicoanálisis construye un relato secreto, una trama invisible y hermética, hecha de pasiones y creencias, que modela la experiencia.

Monday, March 26, 2012

Respiración artificial

Mi literatura favorita es la que trata sobre literatura. Cuando una se atreve, al fin, al decir esto (como quien lee un poema confesional en cualquier otro sótano delante del novio de la hermana mayor), al decir esto, los abogados defensores de la vida se le echan a una encima, cayéndole demandas que de lo más bonito que la acusan es o de pervertida o de solipsista. Pero fíjense que los casos más opuestos en el fondo no son tal: Whitman, que se bebía la vida a vientos, al final se cantaba a sí mismo. No sólo se dedicaba cantos sino que se cantaba, se creaba a sí mismo cantándose. Walt Whitman, el dandy de la épica, un dandy de proporciones bíblicas, un dandy superpoblado. Por otra parte, Ishmael va y dice que se embarca en el Pequod porque quiere ver el mundo. Pero qué mundo, zopenco, le dicen. Lo único que vas a ver es agua y más agua. Uno no se embarca hacia el mundo, uno se embarca zarpando, para alejarse más y más de la tierra. Y cuando pienso en la ingénua ansia de mundo de Ishmael no puedo dejar de acordarme del pirata de Espronceda (porque lo quiero como a un tío loco, pero podría acordarme de algunos otros), tan cabezón, tan personal que no puede estar con otras personas, de ideales tan fuertes que sólo se pueden mantener en el exilio, en la mar.
Y a qué venía todo esto. Ah sí. Mi literatura favorita es sobre literatura, y los aventureros que acabo de mencionar no escribían sobre la vida, sino que se empeñaban en tornar la vida en literatura. Y aquí le pongo velitas al patrón y cito, por enésima vez, que es la naturaleza la que imita al arte. Y si no me creen váyanse a la decadencia de la mentira. Mi literatura favorita es sobre literatura, y esto no me hace una pervertida (si lo soy, a saber las razones). Esto me puede hacer caníbal, vanidosa, gemela, palíndroma, travesti. Incluso probablemente sea el motivo de mi total falta de orientación espacial, pero, ¿pervertida? ¿Qué tendrá que ver? Porque si queremos entender al pervertido en el sentido vienés de la palabra, debemos entender que su deseo realiza un movimiento muy distinto al de la literatura que me gusta a mí. El deseo del pervertido sufre un desvío en el sentido literal de la palabra, el deseo del pervertido es un deseo oblicuo. Y recuerdo a Sontag, la última modernista, cuando dice que la pornografía no se fundamenta en la perversión; la pornografía es demasiado simple, demasiado directa (también mortalmente interesante, pero en otros aspectos). El placer oblicuo es el que nos dan las obras eróticas: la intermitencia de la carne en la media de rejilla, la mirada a través de la persiana. Pero de esto no trata la literatura sobre literatura. Este tipo de literatura no es un sueño erótico, sino una pesadilla incestuosa. Un incesto distópico, en una isla desierta, un intento desesperado de perpetuación. Y eso es lo que me produce infinita admiración: las agallas del acto. El mirarse a uno mismo desde el interior y ver dónde falla la máquina, dónde se encuentra el defecto de fábrica. Cuando yo me entero de cosas que le pasan a la gente, pero sobre todo cuando me entero de cosas que la gente hace en determinadas circunstancias, muchas veces pienso, madre mía, qué pedazo de escritor hubiese sido. Por ejemplo, he llegado a pensar que mi escritor favorito hubiese sido Leoniv Rogozov, el médico que se operó a sí mismo. Quizás Leoniv Rogozov hubiese escrito el hermano lejano y soviético de Respiración Artificial, de Ricardo Piglia, el libro sobre el que originalmente quería escribir este comentario. Y ahora que por fin iba a llegar a decir algo sobre él se me ocurre que quizás es suficiente. Tan sólo una cosa más: yo amo ese libro porque es por entero una digresión, una digresión indómita que se extravía hacia lo más oscuro. Y qué mejor manera puedo tener de homenajearlo que con una pequeña tangencia, un desvarío dislocado.